El futuro de los Clubes deportivos. ¿LA CRISIS COMO OPORTUNIDAD?

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Una de las opciones que están siendo debatidas en congresos y seminarios es el papel que podría jugar el tejido asociativo del deporte, en materia de gestión, en el siglo XXI. Estamos hablando del denominado Tercer Sector integrado, entre otros, por las asociaciones.

Las administraciones, en su tentativa de emprender el camino de la consolidación fiscal, impuesta por el estado, están recortando sus gastos y los servicios deportivos municipales son los primeros afectados a causa de la falta de recursos económicos suficientes para el desarrollo y funcionamiento de la organización del deporte en el ámbito local. Esta situación podría afectar a la cultura de la subvención y haría tambalear los cimientos del tejido asociativo, ante la probabilidad de perder total o parcialmente su fuente de ingresos principal, suscitándose el debate sobre su futuro incierto.

El asociacionismo deportivo ha sido uno de los actores implicados en los distintos programas de actuación deportiva y ha contribuido a conformar el sistema deportivo local. Este movimiento ha sido fomentado desde los ayuntamientos y tiene una gran importancia en la sociedad actual, aunque en la mayoría de los casos se sustenta casi de manera exclusiva por fondos públicos, de tal manera que se pone en tela de juicio su sostenibilidad en momentos tan críticos como los que estamos viviendo en la actualidad.

La sostenibilidad de los clubes deportivos va depender en gran medida de su capacidad para generar suficientes recursos económicos, al margen de los fondos públicos, de la disponibilidad o no de instalaciones propias, de su estructura organizativa de gestión, de su prestigio social y de su capacidad para generar actividades deportivas atractivas y de gran interés. En definitiva, de su capacidad de adaptación frente a una crisis que les obligará a dar un paso más.

Es indiscutible que el sector público tendrá que disminuir su oferta de servicios, sobre todo de los no esenciales y prioritarios, por causa de la insuficiencia presupuestaria que le sobreviene, por lo que los servicios deportivos locales deberán desarrollar una gestión pública del deporte más descentralizada, participativa y eficiente en la que podría tener cabida el tejido asociativo no lucrativo. No es descabellado pensar que una colaboración público – privada podría ser la respuesta a la crisis que padecen ambos sectores, beneficiando a ambos por igual, y que para el tejido asociativo puede ser una oportunidad única para recuperar su protagonismo en el escenario del deporte.

Algunos autores mantienen que la crisis supone una oportunidad para que los clubes deportivos se reciclen y puedan asumir retos mayores en su gestión. La experiencia nos muestra que en su gran mayoría son estructuras obsoletas, inmaduras y con debilidades significativas. Además, no debemos ignorar que entre sus virtudes solemos echar en falta la transparencia y la democracia en su gestión.

Se habla de la importancia que supone que los poderes públicos impulsen el desarrollo de un tejido asociativo deportivo, maduro e independiente, capaz de asumir tareas de gestión pública del deporte, sin que ello suponga una pérdida de sus rasgos distintivos. Un tejido asociativo que contribuya a dinamizar el sector por sus propios valores y lo haga único y atractivo al ciudadano a quien va dirigido, cumpliendo con todas las responsabilidades legales en relación a los servicios que desarrollen.

La presencia de clubes deportivos que se han lanzado a la gestión, con buenos resultados, no es una novedad. Otra cosa bien distinta es encontrar en todos los municipios un tejido asociativo lo suficientemente organizado y competente que tenga la capacidad de gestionar infraestructuras y de organizar programas o actividades deportivas atractivas y de gran interés.

Frente a una gestión tan lenta y reglamentada, protagonizada por los poderes públicos, podría surgir una gestión más cercana al ciudadano y, por tanto, mucho más participativa, mejor adaptada a los constantes cambios que produce el sector y con costes menores. No olvidemos que por tratarse de asociaciones no lucrativas se encuentran exentas de impuestos que encarecen notablemente el servicio (IVA).

Los defensores de este modelo de gestión destacan que los municipios necesitan de un tejido asociativo, organizado y competente, para el desarrollo de políticas que impidan la tendencia a la municipalización del deporte y fomenten una gestión pública del deporte más cooperativa en el marco de un plan estratégico con la finalidad de potenciar y consolidar la organización no lucrativa del deporte y su vertebración en el correspondiente ámbito territorial.

Parece ser que la mejor opción seríauna política deportiva municipal enfocada a través del asociacionismo deportivo que pueda contribuir a una gestión pública del deporte más descentralizada, eficiente y democrática que, además, favorezca la consolidación de un tejido asociativo que necesita recuperar el tiempo perdido.

Merche Cano

http://www.gepacv.org/es/articulo/191-la-crisis-como-oportunidad

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